¿Intuyes que tu hijo consume?

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Cris González – Trabajadora Social

Interesa que a los padres y madres que intuyen que sus hijos están inmersos en el consumo de drogas o que incluso pueden estar ya “enganchados”, conozcan algunos signos y actitudes habituales en el usuario de drogas.


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Lo primero que debe plantearse la familia es qué quiere hacer al respecto. En este caso, la búsqueda de un profesional es lo más eficaz, pero si el adolescente no está en peligro, lo mejor es hablar sobre el consumo de drogas cuando éste se encuentre relajado y sin los efectos de las mismas, ya que en la mayoría de los casos son ellos los que se preocupan por el uso de sustancias y se encuentran en un periodo de confusión y desorientación en el que la información que se les transmite a través de los adultos puede ser muy bien recibida.

También es un signo de vital importancia, el descenso del interés por los aprendizajes, falta de motivación y un bajo rendimiento escolar ya que son los principales riesgos que se detectan en relación con los alumnos que consumen sustancias en las aulas.

Todos estos factores conducen directamente a un déficit de los aprendizajes y a un absoluto fracaso escolar. Pero los primeros indicios que nos hacen pensar que los hijos están relacionados con el mundo de las drogas se manifiestan con un significativo deterioro de las relaciones entre amigos y una mala compenetración con su grupo de iguales. Por lo que hay un momento en la vida del adolescente consumidor que comienza a aislarse del grupo y empieza a dejar de interaccionar con sus compañeros. Además, no solo dejan de relacionarse con ellos, sino que hay otros factores contrarios en el que los jóvenes tienen conductas negativas dentro del aula y a su vez crean un ambiente inviable de aprendizaje en el grupo.

Algunos de los signos y actitudes habituales en un consumidor que se pueden apreciar son:

  • Mal carácter.
  • Pasividad a la hora de realizar sus funciones.
  • Ruptura de la comunicación en el núcleo familiar.
  • Ojos vidriosos o enrojecidos.
  • Lagrimeo abundante
  • Pupilas muy dilatadas o muy contraídas.
  • Nariz húmeda e irritación nasal.
  • Marcas, pinchazos en brazos o manchas de sangre en la ropa.
  • Bostezos frecuentes y actitud somnolienta.
  • Falta de apetito y pérdida de peso.
  • Negligencia en el vestir y fuerte olor corporal.
  • Papelillos en los bolsillos.
  • Salidas imprevistas y actitud misteriosa.
  • Nuevas amistades extrañas.
  • Cambios de comportamiento y carácter.
  • Hurtos y mentiras persistentes.
  • Permanencia prolongada en determinadas esquinas, salones deportivos, bares o discotecas.

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